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Infancia

Personitas

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Los problemas de desarrollo en la infancia incluyen, entre otros, un progreso insuficiente, problemas de comportamiento, de alimentación y de sueño, dificultades para ir solo al baño, fobias, hiperactividad, falta de atención y dificultades de aprendizaje.


Progreso insuficiente

Con progreso insufciente nos referimos a retrasos en el crecimiento físico y desarrollo. La incapacidad de progresar suele afectar especialmente a los menores de dos años. Una posible causa puede ser no estar recibiendo suficiente nutrición como para crecer y desarrollarse de forma normal,  presentar un trastorno físico subyacente que afecte a su capacidad en la ingesta, absorbción, procesado o retención de los alimentos. Pueden también influir ciertos factores psicológicos, sociales o económicos.

El niño puede no tener apetito o  no recibir alimentos suficientes. La falta de apetito puede ser consecuencia de una depresión, si no recibe suficiente estímulo social puede deprimirse. En las revisiones periódicas del pediatra los lactantes y niños se miden, se pesan y se compara con las mediciones obtenidas en visitas anteriores y  reflejadas en las tablas de estándares. Si el ritmo de crecimiento es adecuado, el niño puede ser normal aunque pequeño de tamaño. Para determinarlo, el pediatra realiza un examen físico y se consulta a los padres sobre alimentación, problemas sociales y  enfermedades del niño o familiares. En caso de sospecha de enfermedades subyacentes se realizan exámenes más extensos.  


Dificultades en el aprendizaje de la higiene

Los niños acostumbran a controlar su intestino entre los 2 y 3 años y su vejiga entre los 3 y 4 años. A los 5 años, casi todos los niños ya pueden ir solos al cuarto de baño, vestirse, desvestirse y asearse. Sin embargo, un elevado porcentaje de los niños entre 4 y 6 años no ha conseguido todavía un control nocturno constante.


Problemas de sueño

La resistencia a acostarse, las pesadillas, los terrores nocturnos y el sonambulismo son los principales trastornos de sueño que presentan los niños.

La restistencia a acostarse de los niños entre uno y tres años, llorar o salirse de la cuna , se relaciona con la ansiedad de la separación, tardes con siestas largas y juegos excitantes antes de irse a dormir pueden provocar problemas de sueño. El niño con terrores nocturnos se depierta de forma incompleta, poco después de haberse dormido, con una extrema ansiedad.

Tanto el sonambulismo como los terrores nocturnos acostumbran a desaparecer por si solos. Si persisten con la edad, es posible que haya un problema psicológico subyacente.


Enuresis

Enuresis es el término médico que se utiliza para analizar los motivos por los que el niño suele orinarse en la cama de forma accidental y repetida  durante el sueño y si está en edad suficiente para controlar los esfínteres. Es más común en los niños que en las niñas. Es un problema que suele estar causado por una maduración lenta , las causas pueden ser físicas (infección en las vías urinarias) o psicológicas.

Lo que debes saber si tu hijo moja la cama  del National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases es una pequeña guía sobre el problema. Consulta con un médico si tu hijo tiene más de cinco años y moja la cama. 


Problemas en el aprendizaje
 

Consisten en la falta de aptitud para aquirir, retener o usar información o habilidades específicas. El número de niños con estos problemas es muy superior al de las niñas. Los principales síntomas son las dificultades en la lectura, la escritura o las matemáticas, bajo nivel de atención, distracción, memoria escasa, torpeza en tareas como pintar, cortar, abrocharse, atarse los cordones y correr.

Estos niños tienden a tener dificultades para comunicarse, controlar sus impulsos y  tener problemas de disciplina. 

Si tu hijo tiene dificultad a la hora de combinar sonidos, rimar palabras, vacilaciones al elegir palabras o para sustituir una palabra por otra consulta con un profesional para descartar que tenga dislexia.


Trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

El TDAH es una enfermedad neuroconductual que se caracteriza por una falta de atención, inquietud excesiva, , distracción e impulsividad. Se acostumbra a detectar en edad escolar. Un niño puede tender hacia la hiperactividad,  hacia la falta de atención o incluso ambos síntomas. Con la edad los síntomas van reduciendo y los niños aprenden a controlarlos, pero no hay cura definitiva.

El TDAH interfiere en las relaciones sociales y el rendimiento escolar. Durante la adolescencia se asocia a los problemas de disciplina. También pueden ligarse a accidentes de tráfico, drogodependencia o tabaquismo. 

La mayoría de expertos concuerda en que es un tema genético. El diagnóstico de Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad sólo puede ser efectuado por un profesional cualificado que conozca el comportamiento habitual del niño. Para el tratamiento pueden administrarse medicamentos, aplicarse terapia conductual o hacer combinaciones de ambos.

La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry and American Psychiatric Association nos aporta información de interés en su Guía de tratamiento para padres. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad.  


Problemas de conducta

La disciplina es una técnica de premios y castigos cuyo objetivo es conseguir el comportamiento deseado por los padres. No conseguir una disciplina correcta puede derivar en comportamientos sociales inaceptables.

El comportamiento negativo del niño puede generar una respuesta negativa del adulto, el niño suele reaccionar al malestar con testarudez, agresividad, llanto que genera enfado en los adultos creando un círculo vicioso.

Una mala relación con padres, profesores y cuidadores puede derivar en un problema de conducta. Los comportamientos que amenazan este tipo de  relaciones pueden ser causados por su salud, desarrollo, su temperamento innato y el propio entorno del niño. El médico o el terapeuta, para diagnosticar este tipo de problemas, observa la interacción entre el niño y sus padres y solicita una descripción cronológica y completa de las actividades del niño en un día cualquiera, centrándose en las circunstancias que producen el problema de conducta y los detalles del comportamiento en sí mismo. 

Los problemas de conducta tienden a empeorar con el paso del tiempo, de forma que un tratamiento precoz puede contribuir a evitar su progresión. El contacto más positivo entre los padres y el niño puede elevar la autoestima de ambos y mejorar la interacción controlando la respuesta negativa que se produce en caso de comportamiento inadecuado.